
Tenemos un libro en la mano que no tiene ISBN, pero es de papel con tapas de cartón plastificadas y relucientes. Las páginas no están numeradas, pero tiene 163, según leemos al final. El índice nos marca los 202 capítulos, perfectamente titulados, indexados y fácilmente localizables en el volumen.
El formato de los libros está cambiando, como todas las cosas hoy en día, nosotros incluidos. Mi hijo pequeño –está terminando filología inglesa- tiene un libro digital, y va pasando páginas con el dedo. Nuestro amigo Amstrong, el Blogger número uno de La Verdad, que se inventó un Isla de Grillo, habitada por algunos –pocos pero amigables- náufragos fijos pasa pasear por la arena, organizar barbacoas y matar el tiempo leyendo mensajes que nos llegan en botellas, verdes de color. Este Amstrong descubrió hace poco un lugar en la red donde, si se considera de interés, y tienes un blog lleno de buenos textos, solo tienes que rellenar el pedido, pinchar en dos o tres casillas, y ¡zas!: uno, dos, 350, 2000, los que pongas en el pedido, te los envían a casa.

La primera impresión, fue una pequeña decepción. Acostumbrado a las extraordinarias fotografías a todo color con que nos acostumbra a asombrar en el blog, las eché de menos. Y es comprensible.
Transcurridos un par de días, y aprovechando un tarde agradable, sentado en un rincón de la isla, tomé el libro del amigo e inicié un profundo repaso. Al poco rato, después de ir saltando de uno a otro capítulo, recordando textos ya leídos y otros nuevos, me fui complaciendo y adentrando en los temas, hasta que finalmente tuve que reconocer que Amstrong, con fotos o sin fotos, es un maestro con la máquina de escribir que siempre menciona.

Los que visitamos su blog, tanto si hacemos comentarios como si nos limitamos a leerlos, no podemos ignorar este recordatorio, que nos gustará leer y releer, y querremos conservar en la leja, cerca del ordenador, donde tenemos nuestra lectura favorita, para los ratos que sentimos la nostalgia de nuestros paseos junto al mar o sentados en una roca, con vista panorámica.








Confesiones de un chef me sorprendió, pues era la historia de un cocinero atípico. Luego descubrí que es un artista de TV, una estrella de 







